Me arrojé de cabeza al mar



Hace aproximadamente 2 años que cambió radicalmente mi estilo de vida, que me propuse a plantar una semilla en mi cabeza y regarla cuanto más pudiera.

Sin saber nada, pero queriéndolo todo; sobretodo ser feliz porque acaso ¿no es eso lo que más buscamos? Ser felices, porque si nos detenemos a pensar un momento en los aspectos que queremos renovar de nuestro estilo de vida constantemente como hacer ejercicio para bajar de peso; es porque nos sentiremos bien estando saludables, nos sentiremos felices viéndonos bien. Y quería empezar con esta idea para que comprendieras un poco más de porque el título.

Hoy quiero compartirte una de las historias que me cambió la vida, mi yo interno la sabía y no se atrevía a hablar sobre ella así que hoy estamos de suerte.


Era el año de 2018 (imagina voz de locutor) cuando Paulina se encontraba perdida en medio de la gran isla llamada su mente, se encontraba sola pensando y analizándolo todo, pero sí, queriendo nada. Seguiré esta historia en primera persona porque la verdad no me encantó la idea.

En 2018 era una persona completamente diferente a la que soy ahorita, y es que una persona tiene que renovarse tiene que actualizarse, así como la tecnología; si te quedas atrás es muy probable que no avances, si te quedas atrás sin buscar respuestas es muy probable que no las encuentres, si te quedas atrás descansando en tu zona de confort es muy probable que no te canses y mi favorita: si no saltas al mar es muy probable que no aprendas a nadar.

Estaba al borde de la locura y no lo sabía, no encontraba paz en mi interior y por supuesto no veía la paz en el exterior. Un día sin más decidí hacer lo que quería para el resto de mi vida; y no estoy hablando de que me puse objetivos a largo plazo o hice una lista de metas si no me di cuenta que el momento y la oportunidad para ser feliz era la que estaba viviendo. Y fue ahí que decidí que me arrojaría de cabeza al mar - es una metáfora porque en la vida real nunca me arrojaría de cabeza al mar- lo que quiero decir con esto es que decidí dejar de analizarlo todo, decidí fluir con la vida, decidí fluir con el proceso, decidí aventurarme a lo desconocido y atreverme a vivir la vida, sin más simplemente vivirla; y tal vez suene contradictorio de una persona que es adicta a tenerlo todo planeado y organizado, pero una cosa es tenerlo planeado esperando lograr algo, a tenerlo planeado esperando un buen resultado. Si algo he aprendido a la mala (o a la buena) es que si algo puede salir mal saldrá mal y la mejor manera de no decepcionarte porque las cosas que planeas no salen como deberían es no imaginar resultados positivos porque las cosas siempre saldrán como tengan que salir.


Una frase que me gusta mucho que dice “no te tomes en serio los halagos ni los insultos” me gusta, pero en realidad debería ser “no te tomes en serio nada” porque al final del día cada persona es quién elige ser, cómo decide actuar y cómo decide interpretar las situaciones que le pasen en la vida.

Las personas (incluyéndome) debemos practicar más la autocompasión en vez de victimizarse pero cuando tomamos una actitud de valientes contra la vida, cuando tomamos nuestra vida y hacemos de ella lo que queramos, cuando dejamos de victimizarnos, cuando dejamos de buscar la aprobación de otros, cuando dejamos de buscar un premio o una felicitación por nuestros logros y simplemente hacemos las cosas por nosotros mismos, para nuestro beneficio y si sale mal se aprende aún más, y si sale mal se sigue adelante y si la vida es injusta con nosotros es momento de pensar que podría ser peor (siempre podría ser peor) no veamos las situaciones malas que nos rodean como situaciones que “no merecemos”, debemos dejar de sufrir, debemos dejar de buscar el sufrimiento, debemos dejar de buscar por donde quejarnos y afrontar la situación.

Porque la felicidad está ahí; la felicidad no es una meta, la felicidad es el camino y cuando tu decides empezar a ver la belleza y la gracia perfecta en los peores momentos es cuando empiezas a vivir una vida plena y feliz.

Así que sí, me arrojé de cabeza al mar, porque no tuve miedo a fallar, pero tampoco pretendía aprender a nadar.


Recomendaciones

Medita, porque meditar te ayuda a comprender los beneficios de estar presente en el momento presente ¿por qué, acaso no es lo único real que tenemos?


¡Gracias por tomarte el tiempo de leerme!, disfruta tu vida.