El azúcar natural y refinada; ¿cuáles son sus verdaderos efectos?


Éste es tu cerebro lleno de azúcar (sea o no natural.) El azúcar es un pequeño ingrediente astuto que se encuentra en una cantidad considerable de alimentos en muchas formas. A pesar de su sabor delicioso e inocente, el azúcar tiene propiedades adictivas y está relacionado con una variedad de condiciones de salud prevenibles. Aunque es fácil etiquetar todo el azúcar como "malo", hay tipos que, cuando se comen con moderación, pueden tener beneficios nutricionales.






Abordaremos el tema del azúcar enfocado en los efectos que tiene en nuestro cerebro, te invito a leer el artículo completo, tomes notas y le saques el mayor provecho posible.

Tipos de azúcares

El azúcar es un tipo de carbohidrato que se encuentra tanto en los alimentos como en las bebidas. Una vez comido, el azúcar se descompone en glucosa, que finalmente se utiliza para obtener energía. Analicemos un poco más con los tipos y ejemplos más comunes:

1. Monosacáridos »glucosa, galactosa, fructosa

2. Disacáridos »sacarosa, lactosa, maltosa

3. Oligosacáridos »maltodextrina, rafinosa

4. Polioles (alcoholes de azúcar) »sorbitol, manitol, xilitol


El azúcar ya sea en forma de paleta, de cereal para niños o de un pan con canela y pasas, todos sabemos que este carbohidrato en particular no es el más sano de los ingredientes, sobre todo si se consume en exceso o viene en presentaciones procesadas o refinadas, como el jarabe de maíz alto en fructosa. También sabemos que en parte es culpable de las dificultades que tenemos con el abdomen, los antojos, el control del azúcar en la sangre, la obesidad, la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina. Pero ¿qué hay de sus efectos en el cerebro?


¿Cuál es la diferencia exacta entre el azúcar de mesa, el azúcar de fruta, el jarabe de maíz alto en fructosa y otros productos similares?

La fructosa es un tipo de azúcar que se encuentra de manera natural en la fruta y en la miel. Es un monosacárido, igual que la glucosa, mientras que el azúcar de mesa (sacarosa) - la sustancia granulosa que le echamos al café o ponemos en un tazón para mezclarlo con harina y hacer galletas - es una combinación de glucosa y fructosa, lo que la hace un disacárido (dos moléculas unidas).

El jarabe de maíz alto en fructosa, que está presente en los refrescos, los jugos y en varios alimentos procesados, es otra combinación de moléculas dominada por la fructosa (alrededor de 55% fructosa, 42% glucosa y 3% carbohidratos).


¿Cuál es la diferencia de beber azúcar líquido y comer su equivalente, digamos, en manzanas?

La fructosa es el más dulce de los carbohidratos naturales, lo cual quizá explica por qué nos encanta tanto.

Nuestros ancestros de las cavernas sí comían fruta, pero no los 365 días del año. La fruta natural contiene relativamente poca azúcar si la comparamos con una lata de refresco, la cual la contiene en cantidades excesivas. Una manzana mediana posee cerca de 44 calorías de azúcar en una mezcla rica en fibras presentes de forma natural, gracias a la pectina y la fibra soluble de la cáscara; en contraste, una lata de 350 ml de refresco de cola contiene casi el doble: 80 calorías de azúcar. Si extraes el jugo de varias manzanas y concentras el líquido hasta tener una bebida de 350 ml (la cual habrá sido desprovista de fibra), tendrás frente a ti una bomba con 85 calorías de azúcar que bien podrían haber provenido del refresco. Cuando esa fructosa arremete contra el hígado, la mayoría se transforma en grasa y es enviada a nuestras células grasas. Por eso hace más de cuatro décadas los bioquímicos la señalaron como el carbohidratos más engordador de todos.


¿Qué provoca el hígado graso?

El hecho más perturbador acerca de nuestra adicción al azúcar es que cuando combinamos fructosa y glucosa (lo cual solemos hacer cuando consumimos alimentos preparados con azúcar de mesa), quizá la primera no tenga un efecto inmediato en la sangre, pero de eso se encargará la glucosa que lo acompaña, la cual estimulará la secreción de insulina y alertará a las células grasas a que se preparen para almacenar más. Mientras más azúcares comemos, más le decimos al cuerpo que los transformen en grasas. Esto además de provocar un padecimiento conocido como "hígado graso", sino que también afecta al resto del cuerpo. Dile hola a las llantitas, a la panza cervecera, a las chaparreras y al peor de todos los tipos de grasa: la visceral, que es invisible porque está aferrada a nuestros órganos vitales.

Taubes establece un paralelismo entre la relación causa-efecto que une los carbohidratos con la obesidad, y el vínculo entre el tabaquismo y el cáncer. Si el mundo jamás hubiera inventado el cigarro, el cáncer de pulmón sería una enfermedad poco com